Recientemente me llegó al correo electrónico un link, recomendado por un amigo, para que viese el video de 15 minutos del diputado holandés Geer Wilders, "FITNA", el cual muestra una clara posición política sobre la penetración del Islam en Occidente, posición que quisiera discutir. Aunque el video habla sobre el Islam, es evidente que está dirigido a occidentales, por lo cual pasé algunos días recogiendo comentarios de mis conocidos sobre su contenido, la posición política del autor, los recursos fílmicos, los sentimientos a los cuales apela en el auditorio y la finalidad última del video como pieza de discurso político.

Antes de que pinchen el link del video les aviso, tiene imágenes MUY fuertes; tanto que para verlo hay que registrar una cuenta en youtube, debido a la cláusula de esa página respecto a la violencia y los menores de edad. Así que si lo van a ver, respiren hondo y cuenten hasta 10. Conste que aviso. Si no están de ánimo hoy, mejor véanlo otro día. Es de esas cosas que es mejor no apurar.
La falacia de Wilders está en establecer dos dicotomías que no tienen nada que ver, y superponerlas como si se tratara de lo mismo. Por otra parte, si una de las dos dicotomías es cierta y la otra no, la dicotomía válida le transfiere algo de su validez a la dicotomía dudosa y de este modo se igualan.
D1: Occidente vs. Islam
D2: Mundo libre vs. Fundamentalismo
Al igualarlas D1=D2 (es decir, al realizar el sofisma) resulta que automáticamente Occidente=Mundo libre, lo cual es fácilmente rebatible, con sólo recordar que América Latina es pasto frecuente de los dictadores militares de cualquier pelo, los Franceces botan las plumas con cualquier presidente suficientemente autoritario, y los Estadounidenses tienen gravísimos problemas para controlar el racismo y el fundamentalismo religioso, en este caso cristiano, lo que les ha valido el maravilloso invento del Monstruo Volador del Espagueti, del cual soy creyente nada más los martes.
Pero también resulta que Islam=Fundamentalismo, lo cual también es fácilmente rebatible y por partida doble. Primero, les recomiendo la película de Persépolis, de Marjane Satrapi, que constituye un hermoso testimonio no sólo de la falsedad de esta igualación, sino del amor de una mujer Iraní por su tierra y su herencia, y de la absoluta indiferencia con la cual Occidente ha mirado el surgimiento del fundamentalismo dentro del mundo Islámico, y no pocas veces lo aupó y le dio de comer y le proporcionó armas, por la misma razón por la que Hitler terminó dominando a Alemania, vale decir, porque Occidente lo prefería todo a la amenaza comunista.

Segundo, la igualación retórica Islam=Fundamentalismo que nos presenta Wilders obvia peligrosamente la existencia de ensayos reales de sociedades más o menos tolerantes, que se han venido dando en el mundo que usualmente adscribimos a la esfera del Islam.

Pasamos por alto los intentos moderados de Turquía, Jordania, Arabia Saudita, Egipto, Líbano y Siria, países todos que por cierto comparten fronteras con Israel, y que deben enfrentar en su propia casa el demonio del fundamentalismo y el odio al otro. Esos Estados conviven a la vez con el intervencionismo diplomático y militar de Irán así como la indiferencia y el oportunismo económico Occidente, cuya mirada no le da para ver más allá de dos palmos de narices.
Esa igualación olvida deliberadamente la voz de personas como Fethullah Gülen.

Más aún, esa igualación insulta a todos los musulmanes moderados del mundo, que aún los hay, que sobreviven todos los días bajo la bota del fundamentalismo religioso de sus países. Esa igualación olvida nuestra propia responsabilidad en los males de los demás, pues echa sólo sobre los hombros de los otros el fruto de su miseria. Esa igualación, si bien es la respuesta natural del individualismo Occidental, es totalmente antiética incluso desde el sustrato religioso elemental de Occidente, y me refiero ahora al Cristianismo.
Hay sin embargo un valor religioso que está a la par de aquel de la existencia de individuos, que es equiparable al mismo e incluso, dentro de la historia de las ideas, anterior a la concepción de individuos. Se trata de la idea del prójimo y del amor al prójimo. Aunque el Amor (así con mayúsculas y personalizado) es una marca registrada del Cristianismo; el valor del amor al prójimo no le pertenece de modo exclusivo, sino que le viene como herencia del Judaísmo y está plasmado en la propia Torá, y es un principio reconocido por el Islam. De este modo, el Occidente individualista que conocemos (y que a veces resulta cultural y afectivamente lejano para quienes provienen del Islam o del Judaísmo) no tendría sentido sin el Cristianismo, pues la idea del individuo nació después de la idea del Otro, del surgimiento de la Otredad, cuyo más lejano tatarabuelo es el amor al prójimo.
Así pues, ¿Quién o qué es el enemigo de Occidente y sus derechos individuales? El verdadero enemigo de Occidente es la pretensión de que la Libertad Individual sea un valor absoluto, pero la Responsabilidad Individual sea un tabú que no se menciona. Y si hay una libertad colectiva, deberá haber también una responsabilidad colectiva y compartida sobre las cosas que suceden. De este modo, la respuesta individualista es insuficiente. Occidente ya ha visto cómo esta postura no lleva a ningún lado y sólo agrava la opresión que sufren las poblaciones civiles. Cincuenta años de un embargo económico a Cuba son una muestra de la torpeza que a veces puede tener la argumentación individualista. El Occidente liberal no le ganó la partida al Comunismo (esa religión moderna que nos quiere convencer de que no hay Dios); simplemente se quedó sólo en la carrera por forfait. El enemigo de Occidente no puede ser el Islam, como lo fue en la Edad Media. Plantear las cosas de esa manera sólo nos llevaría a un nuevo y largo período de oscurantismo. El enemigo mayor de Occidente es la Libertad sin Responsabilidad, es su empeño en olvidarse de su prójimo. Al fin y al cabo, un individuo sin prójimos pierde su propio contexto. Hay que renunciar a la dicotomía D1 (Occidente vs. Islam); es decir, no es necesario ganar al Islam para todas las ideas de Occidente. En cambio, hay que salir al encuentro del Judaísmo y del Islam, al encuentro del mundo monoteísta sobre el principio más básico de su sustrato moral: El amor al prójimo, este simple principio frente al cual ningún fundamentalismo se resiste.