"El Eterno le habló a Moshé para decir: Toma la vara y reúne a la asamblea, tú y tu hermano Aharon, y hablen a la roca ante la vista de ellos, y ella dará sus aguas..." Bemidvar [Números] (20:7-8). Sí, es el famoso pasaje de la roca. Y sabemos que todo esto ocurrió en medio de una protesta pues "el pueblo contendió contra Moshé y exclamaron diciendo: Ojalá hubiésemos fallecido por la [misma] muerte de nuestros hermanos delante del Eterno" (20:3). Ahora, la presión política y la protesta son una forma de provocación, pues incluso cuando es por una causa justa (por ejemplo la sed en medio del desierto) la protesta tiene la finalidad de provocar algún cambio. Así que, en este sentido, Moshé contestó a una provocación. Ríos de tinta han escrito los eruditos Rabbanim sobre este pasaje y sobre cuál sería el pecado de Moshé. "Moshé tomó la vara de delante del Eterno como él le había ordenado" (20:9), hasta ahora todo bien. "Moshé y Aharón reunieron a la congregación frente a la roca..." (20:10) y sigue bien. "...Y les dijo: ¡Escuchen ahora, rebeldes! ¿Acaso de esta roca extraeremos agua para ustedes? Entonces Moshé alzó su mano y golpeó la roca con su vara dos veces, y salió abundante agua...".
Pero un momento, ¿A quién le dijo esto Moshé? "...a la congregación frente a la roca". Algo anda mal, porque la orden fue "...hablen a la roca ante la vista de ellos", en hebreo "divartem", hablen, en plural. ¿Que hablen quiénes? los dos, "...tú y tu hermano Aharón", es decir Moshé y Aharón. Pero fue Moshé el que les dijo (en hebreo vayomer lahem, y les dijo, en singular) y sólo Moshé les dijo, "¡Escuchen ahora, rebeldes!". De donde deducimos una doble equivocación:
(1) Sólo habló Moshé, quien tenía fama de molestarse, y su hermano Aharón, el que tenía fama de paciente y conciliador, se quedó callado.
(2) Moshé no le habló a la piedra sino a la congregación que le reclamaba por la sed en medio del desierto.
Parece trivial, ¿cómo es posible que un profeta como Moshé no se diera cuenta de estas dos cosas tan simples, que cualquiera de nosotros habría notado? Bueno, no es tan trivial. Cualquiera de nosotros caería por cosas mucho más simples, como el apuro en el tráfico o una larga cola para un trámite en un ministerio. La situación en la cual Moshé se equivocó era muy dura: su pueblo, el pueblo al que Ds había sacado de Egipto con grandes milagros, ahora moría de sed en medio del desierto. Y la muerte por sed es una muerte por desesperación.
Ante una presión como esa cualquiera pone la renuncia, cualquiera sale corriendo. Al menos yo no habría podido fijarme en sutilezas, y las sentencias de Ds son sutiles, deben ser hechas cuidando los detalles. "Toma la vara y reúne a la asamblea, tú y tu hermano Aharon, y hablen a la roca ante la vista de ellos, y ella dará sus aguas..." Suena fácil. No sabemos qué pasó por la cabeza de Moshé en ese instante. El hecho es que olvidó su objetivo, cumplir la mistvá de Ds, y el objetivo de Ds, realizar el milagro de que el agua surgiera de la piedra. Este simple olvido hizo que moshé fijara su ojos en quienes lo provocaban, "la congregación frente a la piedra". Lo que sucedió después es lo que nos sucede a todos, no hay reproche posible, después que uno cae en la provocación se sigue cuesta abajo en la rodada. Se contesta en términos provocativos, lo cual suele ser inconveniente incluso cuando uno tiene razón ("¡Escuchen rebeldes!"),
nos dejampos llevar por la ira ("...Entonces Moshé alzó su mano y golpeó la roca con su vara dos veces").
Ahora, ¿Qué habría sucedido si, aún con la ira que pudo ser producto de la primera protesta, la de 20:3, Moshé y Aharón hubiesen cumplido la orden de Ds tal cual Él la había dicho? Probablemente:
(1) Aharón habría hablado junto a Moshé y habría suavizado sus palabras, con lo cual lo habría calmado.
(2) Ambos le habrían hablado a la roca, y no a la congregación, con lo cual hubiesen ignorado redondamente toda la situación de provocación.
(3) El agua de la roca habría brotado porque le hablaron, y no porque la golpearon, lo cual habría hecho el milagro más llamativo.
(4) Aún bajo el supuesto de que Moshé hubiese estado disgustado a la hora de cumplir la Mistvá, al haberla cumplido al pié de la letra no habría sido objeto de castigo. Más aún, por haberla cumplido tal cual no habría sido dominado por la ira, lo cual le habría añadido mérito.
(5) Al hablar a la piedra y no a la congregación, Moshé no habría podido decir "¡Escuchen, rebeldes!", pues sólo a la roca se habría dirigido.

De esto aprendemos que la provocación es una falta muy grave, porque puede hacer caer hasta a los hombres más justos. Por otra parte, cuando somos nosotros el objeto de una provocación, no existe mejor remedio que el de Ds, "...hablen a la roca". Háblenle mejor a las paredes o al techo, no a la persona que les provoca. O como decía aquel viejo amigo, no los miren. A palabras necias oídos sordos.






















